Inicio » Cena desinhibida
Una cena a ciegas. La iniciativa pretendía que los comensales experimentaran la sensación de un invidente. Se buscó la empatía, sentir las dificultades que rodean a las personas ciegas en algunas de sus actividades cotidianas. Y se consiguió. Pero además se disfrutó de la comida como nunca se había hecho, y es que las personas ciegas alcanzan bajos umbrales de detección gustativa y olfativa.
Illarra reunió a 15 personas, con antifaces sobre sus ojos, en el Kursaal y todos ellos siguieron las directrices de “Txosko”, un donostiarra con dos carreras, un empleo en Kutxa, un sinfín de virtudes y una discapacidad: es invidente.
Según Joxean Eizmendi “fue una experiencia increíble. Se respetaba al máximo a quien hablaba porque no tenían elementos de distracción”.

“Txosko” dio unas cuantas lecciones de andar por casa para manejar los cubiertos, los platos, el pan y el vino –o cerveza– sin causar ningún estropicio a ninguno de los comensales. «Debéis tener en mente un reloj imaginario y sus agujas. Pensad en que las doce de la tarde es la parte frontal, las seis la parte inferior, las tres la derecha y las seis la izquierda».